Hay que joderse. Esto lo estropearon entre cuatro, entre los de siempre, entre los especuladores que se lo llevaron crudo, y resulta que ahora tenemos que arreglarlo entre todos según la brillante idea http://estoloarreglamosentretodos.org. Anda ya, que no me hagan reír. Muy mona esta campaña modelo “new deal”, llena de caras famosas y famosillas, que trata de convertir en héroes y solucionadores de la cagada de la crisis a los “Juan Nadie” de turno, a usted y a mí, a quienes las soluciones se nos escapan como el agua entre los dedos.
Esta campaña es como si Frank Capra hubiera resucitado de nuevo para hacernos creer que, pese a los cuatro millones de parados, pese a la bronca política, la roña pegada a las pantorrillas de nuestro sistema y el ruido de fondo permanente, la vida es bella. Y, encima, quien me dice que esto tiene arreglo es gente como Ferrán Adriá, Pau y Marc Gasol, Buenafuente, Angels Barceló, Juan José Millás, Fernando Romay, Javier Mariscal (todos ellos con unos cachés profesionales que meten miedo), Carlos Sainz, Javier Gómez Navarro (que fue ministro y salió por donde el humo), Miquel Roca (protagonista del batacazo del Partido Reformista, que dejó pufos por doquier).
El plantel de prescriptores del optimismo mediático y del “todos podemos” como reacción ante la dura realidad es una estupenda operación de marketing para el publicitario que se la inventó. Sin duda, se hará famoso gracias a tratar de convencer a todo el mundo de que esto se arreglará porque lo digan algunos millonarios reconocidos que, eso sí, parecen disponer de un excelente estado de ánimo para ver el lado positivo de la existencia. Eso era lo que cantaban los crucificados de La vida de Brian en aquella descarnada parodia de la felicidad a cualquier precio.
Millás, Gasol, Adriá y compañía nos aseguran que el camino está lleno de bostas de vaca y cosas peores, pero ellos tienen claro que se va a solucionar porque en este país somos la leche. Sólo falta que el anuncio lo cierre Díaz Ferrán proponiendo que nos apuntemos todos al contrato este de a peseta el euro, sin seguro, sin paro y casi sin sueldo. Así lo arreglo yo todo. Hay que joderse.
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Hay que joderse
Jueves, 4 de Marzo de 2010El vengador a pedales o la realidad y la ficción
Martes, 9 de Febrero de 2010Gana la publicidad
Lunes, 1 de Febrero de 2010
Cuando a uno le dan un premio debe responder con el agradecimiento. A uno le suelen dar pocos premios en esta vida, aunque siempre tiende a creer que cuando le toca alguno en suerte se debe, entre otras cosas, a que algo habrá hecho bien. Bittia, la empresa en la que trabajo, consiguió el jueves pasado dos de los premios Creasturias, que otorga la Asociación de Agencias de Publicidad de Asturias. Algo ha tenido que hacer bien Bittia para que le den dos premios y haya sido nominada para alguno más. Algo se ha hecho bien y eso es lo que anima, lo que se premia y lo que no se olvida. De otras mezquindades extra publicitarias no tratan estos premios. Aunque a ustedes les pueda parecer que esta columna es demasiado corporativista y de consumo interno, que busco yo un ascenso o unas palmaditas, están equivocados. Lo que trato de decir es que con los premios que hayan sido, grandes, pequeños o mediopensionistas, lo que se valora es el trabajo de más de 80 personas, el riesgo y la tenacidad de algunos empresarios que no bajan los brazos ante la crisis, la imaginación, la calidad, la calidez, la paciencia, el buen rollo y la capacidad para seguir trabajando en medio de la crisis. De todas las crisis, las reales y las que algunos se inventan. Me alegro por Bittia y por su gente, entre la que me encuentro. Me alegro también por el resto de los premiados, los de las otras empresas, El Comercio entre ellas, porque, al fin y al cabo, meterse a estas alturas de la ciénaga económica en negocios que requieren imaginación es un riesgo que tiene su mérito, sea bajo el sello que sea. Al final, ha ganado la publicidad, esa cosa que todo el mundo dice no ver nunca, pero que todo el mundo se sabe de memoria desde los tiempos de la canción del Cola Cao. Compañeros de Bittia, felicidades y a seguir. Al parecer, algo se ha hecho bien. Que no es poco.
Sabor rancio
Viernes, 22 de Enero de 2010El Consejero de Turismo de Euskadi debe andar estos días con mal sabor de boca. A la Administración vasca le han caído capones desde varias latitudes tras haberse descubierto (tampoco hacía falta ser el teniente Colombo) que el lema “Euskadi: saboréala” es una “adaptación” del mismo reclamo ya usado en Madrid, Valencia y Asturias. ¿Está todo descubierto? ¿Malos profesionales? ¿Políticos chapuzas a quienes resulta fácil vender material caducado y de sabor rancio?
Doctores tiene la publicidad para decirnos a qué se debe este patinazo de primer orden. Una cosa fue aquél plagiazo de “Paraíso Natural” perpetrado por la Comunidad de Murcia y otra es esto, tratar de colar el lema de otro dándole la vuelta como a un calcetín usado. Igual es que hay demasiada “esloganitis”, demasiada necesidad de vender todos las mismas cosas, a la misma hora, con la misma intensidad y similares argumentos.
Lo mismo es que los creativos se quedan sin ideas ante tanta demanda. Lo mismo es que ya se confunde el sabor de una buena idea con el de las ideas-basura. No es lo mismo un Happy Meal que un chuletón de Ávila, lo cual debe tenerse en cuenta para que nadie se pase de listo.
Navidad Bittica y 2
Jueves, 21 de Enero de 2010Los pecados capitales del networking
Jueves, 21 de Enero de 2010Hay personas que disfrutan del “pasaporte social”, allí donde van triunfan. Siempre obtienen todos los favores que solicitan y las personas desean su compañía y relacionarse con ellos. ¿Cómo lo hacen? Bien, en este artículo revisaremos la primera parte del asunto. Cómo no hay que hacer las cosas o los pecados capitales.
Por: Mónica Grossoni, Socia – directora de SocialNet Grossoni.
| Resumen |
| Saber moverse entre la red de contactos profesionales es un arte y puede dar un giro a la vida profesional de proporciones cartesianas. Pero la mayoría sigue insistiendo con denuedo en hacer las cosas mal. Mi propósito en este artículo no es la denuncia, sino la didáctica. Identificar lo que el lector es posible que esté haciendo mal y cambiarlo por comportamientos bien recibidos, ese sí es el propósito. |
Los pecados capitales
A lo largo del día escucho muchas cosas como las que vienen a continuación, una lista con las más frecuentes, incluidas las que mis contactos me cuentan.
1. Cultura del mal uso de gestión de contactos. “Aquí hacemos las cosas así”.
2. Jugar al ratón y al gato. En lugar de decir abiertamente “en este momento no puedo ayudarle”, dé una explicación breve de por qué no puede ayudarle.
3. No agradecer la ayuda prestada. Escriba una nota de agradecimiento por el tiempo que le han dedicado, por el favor recibido, o, incluso, haga algo más (invítelo a un acto, visítelo…).
4. Pedir directamente lo que se requiere. Ir al grano, sin ganar la confianza del interlocutor. Sin sondear si estaría dispuesto a nuestros propósitos. Es un serio traspié solicitar algo que es rechazado, sobretodo si cae muy lejos de las posibilidades del “mecenas”.
5. Pedir a quien se le negó ayuda.
6. No estar nunca para nadie. Sólo llamar cuando se busca algo, no cuando los otros le requieren para algo. La network toma nota de esto. Ellos lo saben todo, responderán igual.
7. Hablar mal de otras personas no presentes. Jamás imaginará usted que su interlocutor es íntimo amigo de esa persona que tanto le exaspera a usted.
8. Establecer posiciones políticas, religiosas, sociales “a favor” y “en contra” de una idea o colectivo. Excepto si es deporte, usted no conoce las opiniones de cada persona, hasta que las manifiesta. Y puede que a su interlocutor le desagraden profundamente sus ideas políticas, sociales, religiosas. Busque puntos comunes y consolide las cosas que los unen.
9. “Sabelotodo”. Saberlo todo sobre todo. Nadie es maestro de todo. Una forma de conversar es solicitar que lo ilustren a usted. Aprenderá mucho y su interlocutor estará encantado de hablar sobre un tema que domina bien.
10. Trasmitir la sensación de hoy por mí, mañana por ti.
11. Cobrar “quid pro quo” cada cosa. La mayoría de las veces, el que pide no está en condiciones de dar algo a cambio, o eso cree. Deje entrever que estaría dispuesto a dar algo a cambio. Usted también puede hacer algo por su mecenas. Valórese ante él y aplace el pago.
La cuestión clave es: “¿Hasta donde deben ascender las perdidas, para que usted decida hacer las cosas bien?”
“Houston, tenemos un problema”.
Esto es muy frecuente. Atribuirlo a mil cosas no es buena idea. Poner las cartas boca arriba, aceptar el hecho y atacar la raíz es un comportamiento inteligente. Busque la manera de potenciar su inteligencia social. Observe como hacen las personas con pasaporte social. Recuerde que lo que le queda bien en boca de otro me puede quedar mal en la mía. Y, sobre todo, solicite apoyo professional.
No, we can’t
Viernes, 11 de Diciembre de 2009Los creadores publicitarios de la imagen de Barack Obama fueron evidiados por todos nosotros durante meses. Quien quiera ser algo en el mundo de la comunicación y el marketing político debe sacarse un Obama de la manga. El “yes we can” fue el himno de esta generación en la que la imagen tiende a ser más que el mensaje y donde la sintonía musical se valora más que la sintonía con el electorado. A Barack Obama, el negro que tenía el alma blanca, la cabaña del tío Tom que se llevó por delante al chirriante Bush junior, se le han empezado a ver las trampas del disfraz. Ahora es el premio Nobel de la paz que gestiona dos guerras, es el humanista que habla de la guerra justa y moral, de lo mucho que hay que engrasar el fusil si realmente se desea un mundo tranquilo. ¿Nos lo han cambiado? ¿Éste es el mismo Obama que removía conciencias en YouTube y encendía pasiones kennedyanas?
Los publicistas de Obama pueden crear un muñeco vendible y, sin duda, lo hicieron muy bien. El problema que tiene el marketing político es que choca con la realidad y la realidad nunca se maquilla porque de lo único que presume es de sus arrugas, de sus guerras, de sus muertos y de sus tullidos. Y eso no se lo salta ni el mismo Obama.
Originales cerrados/abiertos. Por Ángel Heredia
Lunes, 30 de Noviembre de 2009El diseño editorial o de publicaciones (también conocido, de forma menos respetuosa, como “maquetación”) es una disciplina estrictamente intelectual y, por lo tanto, “intangible”, pues no implica, por sí misma, la producción o consumo de materia alguna. Cuando se trata de valorar costes de un trabajo de diseño editorial, el único parámetro son las “horas de trabajo”.
Así, cualquier presupuesto de creatividad o diseño es el resultado de una previsión de tiempo de dedicación “intelectual” al proyecto por parte de los directores de arte o diseñadores. Y esta previsión está basada en la experiencia y en la estadística acumulada en proyectos de similares características para otros clientes.
Por las razones anteriores, cuando tenemos que elaborar un presupuesto de diseño editorial necesitamos, primero, saber (o decidir con el cliente) con la mayor exactitud posible qué es lo que tenemos que diseñar y componer, para poder estimar, después, cuánto tiempo, cuántas horas de trabajo nos va a llevar hacerlo. Y disponer, para su valoración, de un original completo, definitivo y “cerrado” de los contenidos de ese libro, memoria o catálogo…: es decir, un documento que no precise más corrección por parte del cliente que la necesaria revisión final previa a la impresión.
En este caso ideal, la responsabilidad del diseñador sería, en cuanto a la corrección, únicamente la de garantizar que los contenidos publicados se correspondan con los contenidos entregados por el cliente en su original.
El sentido común y la experiencia nos dicen, sin embargo, que ese original “totalmente cerrado y revisado” no existe: siempre habrá algún pequeño error, algún cambio o mejora que el cliente (o el diseñador) querrá incorporar una vez iniciado el proceso de diseño. Y el mismo sentido común dicta también que cualquier presupuesto debe prever y aceptar un número “razonable” de cambios sin necesidad de ser modificado.
¿Cuánto es “razonable”? Convencionalmente, un original en proceso de diseño cuya información sea modificada por voluntad del cliente en menos de un 10% puede seguir siendo considerado un original “cerrado”.
Si las correcciones imputables al cliente superan objetivamente esa frontera “razonable” estaremos, simplemente, ante un original incompleto, no definitivo, “no cerrado”… un original “abierto”.
Siguiendo la misma lógica, un original “abierto” no puede ni debe ser valorado con un presupuesto “cerrado”.
Y lo que es quizá más importante: si un original presentado por el cliente como “cerrado” se acaba convirtiendo –una vez iniciado el proceso de diseño y por razones no imputables al diseñador– en un original “abierto” deberemos entender que modifica –que “abre”– en la misma medida el presupuesto acordado para llevarlo a cabo.
Y no sería correcto, en ese caso, intentar hacer valer aquello de que “un presupuesto es un presupuesto”.
Lo deseable es ofrecer siempre a cada cliente el mejor diseño y al mejor precio: el precio justo.
Seamos, pues, justos: ¿Original cerrado? Presupuesto cerrado. ¿Original abierto? Presupuesto abierto.
Ingles. Por Pachi Poncela
Jueves, 26 de Noviembre de 2009
En cierto escaparate de El Llano, barrio muy retrechero de Gijón, se puede leer lo siguiente: EXPERTOS EN INGLES. Entré, por ver si me hacían las brasileñas (máxime cuando también anunciaban nativos entre su personal), para descubrir que se trataba de una academia de idiomas. Así se comprueba lo que pesa una tilde.
Dejó dicho Sabina en algún sitio (se lo escuché a alguien que en tiempos presentaba el “Un, dos, tres”) que lo que ahora se lleva es hacer televisión con faltas de ortografía. Y periódicos, y radio, y anuncios por palabras. Ya no es que se atente contra la corrección ortográfica por ignorancia o mala leche: se habla y se escribe mal porque es tendencia, porque está bien visto.
Corrijo: en realidad, lo que está mal visto es hablar o escribir bien. Por eso, y por pereza, se arremete contra las reglas que permiten que todos hablemos más o menos el mismo idioma e, incluso, que a veces consigamos entendernos. ¡Guerra a las tildes, al punto y coma y a la “m” antes de “b”! Así nos luce el pelo. El de las ingles.
Querida butaca
Miércoles, 25 de Noviembre de 2009Un político que nos cae bien, pese a todo, ha proclamado la necesidad cívica de apadrinar las butacas de un teatro municipal. ¿Nueva forma de humanismo? ¿Son de piel de esclavo nubio? ¿De piel de esperteyu como los bolsos de Mariano? A uno que yo conozco le da la risa floja apadrinar butacas de un teatro. ¿Por qué no apadrinar semáforos?, dice este descreído. ¿Estatuas? ¿Farolas? ¿Pasos de cebra? ¿Barandillas del Muro? Igual es que se ha inventado una nueva manera de recaudación indirecta por vía oenegética y uno no se ha enterado. Desde que dimitió Solbes, Hacienda ya no es lo que era. Ahora se está poniendo de moda la fiscalidad creativa, al parecer, y lo mismo la SGAE nos cobra una tasa por leer cuentos en voz alta a los niños.
Ese tipo que conozco ha preguntado qué supone ser padrino (madrina) de una butaca (butacón). Tiene razón. Lo que yo haría sería visitar a mi butaca los días de descanso teatral y preguntarle si se le ha sentado encima un tipo gordo, una señora con gases o un niño que pega mocos bajo el asiento de piel de nubio o de lo que sea.
Mi pobre/ podre butaca apadrinada podría contarme en lenguaje butacal los recientes éxitos del galán de moda, de la actriz fondona, de la orquesta que afina con los pies… Sería un idilio respaldado por unos euros al mes que cualquier butaca honrada podría confundir con un soborno o un putiferio. ¿Y si me enamoro de ella? ¿Y si acaricio su piel butaquina y me embutaco, y me embrutezco…? Y, encima, pagando.
En fin.

























